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PIB Y EL ESPEJISMO DE PAISES RICOS

El producto interno bruto conocido por sus siglas como PIB, es una medida material que indica el crecimiento del valor de las unidades de productos y servicios que se generaron en un país para un periodo determinado con respecto al periodo anterior (medición de tiempo), para indicar el cómo ha crecido o no una economía y es utilizada por los gobiernos para saber si sus políticas económicas están dando o no resultados tangibles; a su vez, es utilizada por las agencias calificadoras de riesgo para evaluar la capacidad de pago de los Estados en sus obligaciones (conocida como deuda externa) futuras.

Lo cierto es que este número estadístico es meramente de contenido material, porque en nada refleja el estado de bienestar de sus habitantes, es por ello que puede resultar hasta incomodo cuando se repite el número per cápita (por habitante) para mencionar entre otras cosas cuan rico es un país con respecto a otro.

En semanas recientes un informe de la firma Latinvest como todos los años analizaba, basado en las cifras del Fondo Monetario Internacional, quienes eran los diez países más ricos de América Latina y sus proyecciones para el 2020 y ampliaba su estudio señalando quienes y porque han bajado de posición.

Por primera vez en tantos años me interesé en el ruido que me generaron dos países específicamente, cuando empezaba a oír analistas hablando de los ricos  o menos ricos de esos países y sus habitantes que cada día estarían mejor o peor. El primero de los casos fue el de Venezuela porque hacían mención a un país que en los 70 y 80 fue el más rico de la región y uno de los más ricos del mundo, que en sus proyecciones se perfilaba ya en la posición 15, pero aun mostrando unos $14,000 por habitante.  Allí me vino esa primera perturbación, imagínense a alguien a quien le cuesta conseguir comida y le es imposible comprar una pastilla para el dolor de cabeza porque le aumenta la migraña cuando ve el precio que tiene que pagar, que le digan que aun el país produce esa cantidad de dólares por habitante. Este caso da para otro artículo que lo haré a continuación al compararlo con Noruega que en los años 60 tenían el mismo PIB y con el que se fundó la OPEP en los años 70. Venezuela un país que fue rico pero sus habitantes nunca lo fueron, una clase media que se desapareció rápidamente y que tuvieron la fantasía de serlo en varias épocas, inclusive en la era chavista porque podíamos viajar al exterior una vez al año y comprar artículos de valor. Hoy en día no somos un país de gente pobre sino muy pobre, con un administrador aun rico.

El segundo país Panamá, pues llevo casi ochos años viviendo en este país y ya es mi segunda patria y oír hablar del milagro panameño y cuan mejorada está la situación de los panameños quienes para el 2020 serán parte de los $24,000 por habitante del PIB es un poco surrealista. Lo digo porque si bien el país ha tenido un desempeño espectacular en esta última década y media, el promedio del salario anual del 75% de la población económicamente activa no llega a $8,500 año y con un nivel de endeudamiento superior a esa cifra, lo cual entonces luce en principio que el país rico de los ciudadanos no ricos, o más bien endeudados, es decir un país rico con un administrador rico.

Hago estas dos ejemplos para darle a ustedes la información de porque muchas veces se sienten frustrados al oír estas cifras, sobre todo cuando las exacerban diciendo cuan mejor están las condiciones de los ciudadanos. Como un país rico no puede tener entonces un sistema de educación de país no rico sino de clase media, o un sistema de salud, o un sistema de transporte público, etc., (Este párrafo no está bien estructurado, por lo que entendí sugiero la siguiente redacción: ¿Cómo un país rico no puede tener entonces un sistema de educación de país rico o al menos de clase media, o un buen sistema de salud o de transporte público, entre otros servicios?) ¿Por qué mientras somos un país rico no hacemos lo que hizo Noruega por ejemplo, que hoy no es solo un país rico por su PIB per cápita sino porque sus habitantes son propietarios de un fondo de ahorro donde cada uno tiene $200,000, para garantizarle que en el caso que fallara cualquiera de sus sistemas administrados por el Estado a través de su presupuesto, existe una alcancía que les garantizaría su estado de bienestar?

Los ciudadanos de hoy cada día exigen que se les hable con la verdad, si no se hace podrán ser engañados por un tiempo, ese tiempo puede ser relativamente largo pero llega el momento cuando finalmente entienden que sus administradores les dijeron que eran ricos y realmente era pura apariencia.

El mejor ejemplo de un país rico son los EEUU que es el país que genera el mayor PIB no por habitante pero sin embargo es uno de los más altos,  a la vez cada día hay más pobres, razón por la cual el discurso populista del presidente Trump permeó y logró su objetivo, una sociedad que cada día debe más en tarjetas de crédito y de eso también les hablaré en el próximo articulo al compararlo de nuevo con Noruega.

Panamá tiene una enorme oportunidad de generar una clase media, para ello tiene que enfocar sus grandes momentos de bonanza en cómo ahorrar y cómo hacer que sus ciudadanos en vez de endeudarse se enriquezcan, la mejor manera es hacerlos participes (propietarios) de las empresas donde el Estado tiene participación, si quiere dar subsidios o dinero dele o véndale acciones a precios bajos, que no puedan venderlas por un buen tiempo que reciban los dividendos y que los excedentes del Canal (el petróleo de Noruega) se vaya al Fondo de Ahorro de Panamá, y en dos décadas si serán ciudadanos ricos de un país rico.

Venezuela le llega su oportunidad de refundarse y en dos décadas ser una potencia de clase mundial, pero con ciudadanos ricos y no administradores ricos.

Nada es lo que parece, lo importante es como sociedad irnos preparando para estar mejor informados, poder ejercer poder cuando lo tenemos y aprovechar las oportunidades cuando se aparecen, para ello hay que estar preparados. Aprenda a ser inversionista en su podcasts de Café Bursátil tenemos mucha información de cómo ir viendo estos temas de manera más natural.

 

Santiago Fernández Castro