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MI DISCURSO DE GRADO

TIEMPO DE LECTURA: 8 MIN.

 

“Nada sucede que no haya sido antes un sueño” dijo alguno una vez……

 

Así comenzaba mi discurso de grado del postgrado en Finanzas en el IESA en Caracas, en el año 1999, uno de los momentos más emocionantes por lo que supuso llegar hasta él, representar a un grupo de extraordinarios jóvenes profesionales quienes invertimos mucho en tiempo, energía, y sobre todo compañerismo, en pro cada uno de una meta, todas absolutamente justificadas. Para algunos ese título representaba un hito más en su carrera profesional en la empresa donde trabajase, para otros los emprendedores o sucesores de empresas la experiencia para poder profundizar en nuestros deseos de hacer empresas exitosas.

 

Les voy a contar qué pasó en esos dos años intensos. Éramos dos secciones A y B, más o menos con 30 alumnos, que de 6 a 10 pm teníamos full jornadas de lunes a viernes y luego los sábados en la mañana; era algo realmente exigente pues cada trimestre tenía sus materias claves, aquellas que exigían por el resto el doble. Muchas noches fueron largas a partir de la salida de clases, yo era empresario e independiente, vivía solo y tenía la posibilidad de recibir sin que nadie preguntara ni pusiera caras largas a mis compañeros. Fueron muchas noches hasta bien tarde en la madrugada.

 

Había suficientes motivos para crear un ambiente hostil, como puede ser un método de evaluación que imprime mayor esfuerzo porque en principio, podías salir  bien pero si todos salieron mejor que tú, la media te dejaba fuera, es decir, o todos salíamos bien o nos jodíamos aquellos que quedábamos debajo de la media. Ser estudiante de uno de los institutos más respetados de Latinoamérica en finanzas, y la natural confrontación del ego y el individuo era el caldo de cultivo para toda una telenovela y bien venezolana, sin embargo, siempre hubo humo blanco, sin egoísmo, rivalidades ni diferencias sociales a pesar de que algunos por lo caro de la matrícula, ésta era pagado por sus empresas, pero ello no suponía diferencias de nivel socio-económico. El primer ciclo fue el de los matemáticos ellos los ingenieros se robaron el show porque eran quienes tenían la ventaja competitiva y nos ayudaron al resto como si fuéramos sus hijos, en el siguiente ciclo llego el turno a los que teníamos experiencia o conocimientos contables y financieros, y allí se volteaba la tortilla devolviendo con el mismo amor todo lo recibido.

 

La historia comienza en el último trimestre, ese donde el estrés ya por el final comienza y por supuesto, entra el tema de cuál de las dos secciones será la persona que representará a todas y todos en esa noche tan linda como la de la graduación. En mi sección estaba el número uno, en la de al lado el número dos de la promoción ambos summa cun laude, yo en la posición número promedio más 5, quizás el número 15 no lo recuerdo; lo cierto, es que dos amigas y hoy todavía muy íntimas de mi sección, me dijeron una noche, Santi tu eres quien merece ser el representante, porque lo has sido por casi dos años. La verdad es que mi perfil de emprendedor con auto alemán del año, y que pagaba mi matricula sin esperar aumento de sueldo, me hacía ser más directo aunque con respecto al exigir los derechos de los estudiantes, varios eventos lo habían demostrado. En efecto, hubieron muchos eventos en los que defendi sin expectativas mis intereses que eran los intereses de todos los estudiantes de postgrado de finanzas nocturno, varios de ellos pueden dar motivo a articulos futuros.

 

Dicho esto, mis queridas amigas empezaron su campaña y allí empezó de verdad, la verdadera y cruda pasión por lo que se suponía nadie quería pero, sí habían muchas aspiraciones. Cuando de verdad le agarré el gusto a quien merecía darlo, tuvo sentido la representación más que la calificación, como alguien me insistió; entonces apoyé, con tanto entusiasmo que hasta una fiesta di en mi casa en las semanas previas, sobre todo cuando el número uno de la promoción abiertamente manifestó no tener ningún interés lo cual, con el obvio respeto que le tenía a mi compañero y amigo de dos años de intensos momentos, me dejaba solo prácticamente en la representación de nuestra sección y como único adversario al número dos que era un extraordinario ingeniero joven que trabajaba en PDVSA. Así comenzó un proceso de recolección de firmas donde las chicas todopoderosas se encargaron de buscar hasta obtener la mayoría de ambas secciones, y que presentaron ante la Dirección Académica del instituto. 

 

Ahí terminaba la primera temporada de esa historia donde todos dábamos por hecho que ya se había decidido, hasta que un día en una sesión conjunta de ambas secciones para una materia de los finales, llego el director académico a interrumpir para decirnos que se debía celebrar una elección abierta para dar participación a otros y ante los ojos de todos los incrédulos, se iniciaba una estratégica insinuación a muchos compañeros para participar en la votación y escogía nombres de mi sección como el número uno, y los números siguientes para alentarlos a participar; no así con los miembros de la otra sección lo que evidenció por lo menos ante mis ojos y los más avispados de mis compañeros, que la motivación no era la participación sino que el statu quo del instituto no quería a un guerrillero ante la audiencia el día del discurso.

 

Así que con la tensión correspondiente en pleno día de mi cumpleaños número 31, fui observando como uno a uno mis compañeros desistían sin pudor a la nominación, dejándonos media hora después a los dos mismos aspirantes a la votación final, y lo que nunca previó el statu quo era que tenían frente a ellos, a unos jóvenes profesionales con mucho criterio y hasta los que podían no tener mucha simpatía por mí o al menos tener más por mi compañero, lo que si no tenían era la estupidez de ceder ante el chantaje, y lo que sucedió fue realmente demoledor en el abrumador casi 80% de la votación que se inclinó hacia mi persona. Fue el mejor regalo de cumpleaños hasta entonces y hoy entiendo lo que realmente significó el haber recibido lo que tanto di sin esperar nunca nada a cambio durante esos dos años.

 

Los siguientes dos meses previos a la graduación fueron de tensa calma dado que el instituto quiso por todas las maneras tener copia previa de mi discurso el cual por respeto a mis compañeros y a mi persona jamás entregué, y para sorpresa de ellos mismos ante su estado de nerviosismo de esa noche, jamás mencioné ningún reproche porque la lección se la habíamos dado esa noche y era el momento de agradecer. Así lo hice a todos ellos sin excepción mencioné a mis compañeros de uno y otro salón diciéndoles cuan importantes había sido este período para todos, y las gracias a la institución por habernos permitido ser, en especial a mí.

 

Y terminaba casi mi discurso diciendo:

 

“… dicen que cuando se comparten las alegrías crecen.  Y que en cambio, las penas se achican. Tal vez lo que suceda es que al compartir, lo que se dilata es el corazón; y así estamos se está mejor capacitados para gozar de las alegrías y mejor pertrechados para combatir que las penas no nos lastimen”.

B