De Dónde Vengo

DESPRECIAR EL AMOR

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Esta es la historia de mi hermano menor, por lo menos mi versión de los hechos. Mi querido hermano menor casi 12 años llegó, como se decía antes por error de cálculo, el mismo que durante nueve meses se presumió que sería niña y entonces todo estaba relacionado a nuestra hermana Rosanna al punto que al momento de nacer y ante la mayor desilusión de mis padres, sobre todo de él, cuando la enfermera le pidió el nombre para colocarle la etiqueta, llegué a oír la siguiente expresión “colóquele el que quiera, llámele A…”

Si bien a partir de su nacimiento mi hermano y yo lo amamos y consentimos como juguete nuevo siendo además de pequeño un perfecto Ken rubio de ojos verdes oscuros, su infancia transcurrió con dos hermanos ya en otras etapas y por su puesto casi igual a ser hijo único.

Desde pequeño se deprimía con facilidad y le había tocado una operación dura en sus piernas por temas ortopédicos a los siete años. Recuerdo que un final de año cuando regresábamos mi hermano y mi mama de casa de mi tía, encontramos a mi pequeño hermano tomado porque mi padre se había acostado a dormir y el sentido quizás por el final de año sin compañía decidió celebrarlo solo.

Ya en la universidad era jovial y muy amiguero con muchas novias propias de su edad, yo ya no vivía con ellos al independizarme y mi hermano quien vivía con él tenía su propia vida de adulto entre masters y trabajo todo el día. En ese entonces el salía con una joven espectacular, de orígenes y clase social trabajadora de su familia que le quería con locura, le atendía como toda una futura integrante de nuestra familia, todos incluyéndome la veíamos como tal y nos disgustaba la manera como el la trataba sin el respeto que merecía.

Así las cosas, él seguía su vida no le fue bien en su cuarto año y se retrasó, mientras ella enfocada lograba graduarse y de inmediato conseguía un cupo en la complutense de Madrid en España para su postgrado, el cual con mucho esfuerzo de sus padres empezó. Entendíamos todos que la relación continuaba a pesar que le decíamos a mi hermano que se pusiera las pilas. Ese primer verano él decidió ir a Madrid a verle no sabemos si invitado o no, pero fue llevándose el reality check que la vida le estaba esperando proveer. La encontró más bonita que nunca y con un pretendiente un año mayor que ella y entendemos estudiaba en la misma Universidad.

Aquel viaje fue el inicio de un viaje sin retorno que mi querido hermano decidió emprender, su depresión no le permitió graduarse y decidió vivir con nuestros padres que ya estaban radicados en España, lo que como era de esperar hizo que su situación no mejorara en un ambiente donde se le aceptaba todo por cuanto “pobrecito lo que ha estado pasando”. 

La culpa de todos no se hizo esperar, cada quien empezó a asumir su parte no vinculante que cada quien decidió apropiarse, mis padres que no estuvieron allí para ser estrictos, mi hermano por no hablarle en su momento como mayor y yo por haberme ido de casa para hacer mi vida independiente, cuando él era un adolescente. Nada hoy podemos hacer todo pasó porque tenía que pasar así, para que todos aprendiéramos algo de lo que nuestras decisiones implican, el no estar presente en el día a día y cada quien viendo para otro lado o por lo menos asumiendo que todo estaba bien.

Cuando pude años después le logré convencer que los médicos en España por el sistema social no era una buena solución, que si él quería podía salir de la depresión y del alcohol viniendo a un sitio de recuperación especial en San José de Costa Rica, al cual lo acompañe en su momento y donde después de casi un mes lo busqué. La verdad que salió con más miedos que fortalezas contándome que ese sitio no era para gente deprimida sino alcohólica, drogadicta y que él no tenía esos problemas. 

Han pasado muchos años y esa luz cada día se va apagando, hoy sigo pensando que eso que le activó ese desarrollo depresivo viene de ese evento del amor despreciado del cual no se ha perdonado jamás. Yo he sido quizás el único quien le ha entendido y aprobado su decisión. Sí, porque querer mantenerse deprimido es una decisión consciente, eso es algo que aunque nos duela y mucho tenemos que aprender a respetar, porque no es nuestra vida y lo mejor que podemos hacer es darle todo el apoyo y quizás así un día por si solo él decida retomarla. Siempre es mi pequeño hermano adorado.

B