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De Dónde Vengo

En la vida nos toca vivir momentos que podemos llamar circunstancias y a veces parecieran que llegan todos en compañía; me refiero a diferentes aspectos de nuestra vida, cuanto más conscientes somos más podemos entender los mensajes que nos están enviando para evolucionar, cuando digo nos están enviando me refiero al Universo, al Dios de cada uno.

Todas estas circunstancias o momentos los creé yo y cada uno de ellos se convertirá en un artículo de este blog, solo que quiero contarles todo lo que está pasando circunstancialmente en mi vida, desde inicios de septiembre de 2017 y que he llamado “momentos”.

En lo profesional, después de 30 años de carrera como corredor de bolsa, haber gestionado cinco firmas y sido director en cuatro países de la región, en el año 2013 decidí ser padre. Convencí a mis socios para buscar a un CEO de la firma que contratamos en el 2014 junto con un equipo muy competente, pero a finales del 2015 y principios del 2016 ese equipo se estaba desincorporando y mis socios me pidieron que volviera al cargo, lo cual les confieso fue un verdadero desastre.

Hoy en día lo entiendo y sé por qué todo sucedió, porque ya no quería hacerlo y así lo hice. Fue así como en febrero como les había dicho en otro artículo, decidí iniciar este proyecto de #yoinvierto y con ello le dije a mis socios que poco a poco iría bajando la intensidad de corredor. El universo conspiró y hoy en enero de 2018 ya no tengo socios, ya no tengo clientes y estoy solo esperando la entrega definitiva de las licencias regulatorias. No hubo conexión, no fluyeron los negocios.

En lo económico financiero, en parte derivado del momento profesional, por ese estado de ánimo, las finanzas no fueron buenas desde el 2014 al 2017, en parte por decisiones de inversión previas que comprometían los flujos de caja. Esta situación de estrés me ha puesto a trabajar todos los proyectos que involucran inversión, y no hubo conexión con el propósito, por lo que no fluyeron las finanzas.

En lo familiar, mientras mi familia individualmente está manejando sus procesos a nivel colectivo las cosas marchan más o menos igual, salvo los planes que había tenido en mente a propósito de estar más juntos, de unir a mis padres y hermanos solteros con mis hijos. Esos planes no van. No hubo la conexión y no se dio.

En lo personal como ya conocen PP, es por quien una vez entré en mi conexión de mi propio amor incondicional y así tome la decisión de amarle incondicionalmente. Me ha hecho vivir muchas emociones, muchas. Hoy en día no vive en este país, pues decidió aceptar una oferta de su trabajo en el extranjero, ahora mientras cada proceso individual tiene su camino, con la certeza de que lo mejor está por llegar. Aquí la conexión hizo que cada quien empezara a profundizar en sus procesos internos para tener una conexión sana y madura para el disfrute. 

Así que fluir y sentir agradecido de todo lo vivido es mi mayor estado de bienestar en este sentido.


Los momentos son solo momentos, depende de cómo podamos aprender de ellos que hoy estamos construyendo el futuro. Estos momentos no son más que circunstancias que nos toca vivir para crecer, para prepararnos a estar en un momento presente en el futuro más a gusto, más alegres, más plenos, con la certeza de que todo ello viene y que la angustia, el miedo, la ansiedad se desvanecerán para dar paso a la creatividad, al goce y al amor.

B

 

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“Nada sucede que no haya sido antes un sueño” dijo alguno una vez……

 

Así comenzaba mi discurso de grado del postgrado en Finanzas en el IESA en Caracas, en el año 1999, uno de los momentos más emocionantes por lo que supuso llegar hasta él, representar a un grupo de extraordinarios jóvenes profesionales quienes invertimos mucho en tiempo, energía, y sobre todo compañerismo, en pro cada uno de una meta, todas absolutamente justificadas. Para algunos ese título representaba un hito más en su carrera profesional en la empresa donde trabajase, para otros los emprendedores o sucesores de empresas la experiencia para poder profundizar en nuestros deseos de hacer empresas exitosas.

 

Les voy a contar qué pasó en esos dos años intensos. Éramos dos secciones A y B, más o menos con 30 alumnos, que de 6 a 10 pm teníamos full jornadas de lunes a viernes y luego los sábados en la mañana; era algo realmente exigente pues cada trimestre tenía sus materias claves, aquellas que exigían por el resto el doble. Muchas noches fueron largas a partir de la salida de clases, yo era empresario e independiente, vivía solo y tenía la posibilidad de recibir sin que nadie preguntara ni pusiera caras largas a mis compañeros. Fueron muchas noches hasta bien tarde en la madrugada.

 

Había suficientes motivos para crear un ambiente hostil, como puede ser un método de evaluación que imprime mayor esfuerzo porque en principio, podías salir  bien pero si todos salieron mejor que tú, la media te dejaba fuera, es decir, o todos salíamos bien o nos jodíamos aquellos que quedábamos debajo de la media. Ser estudiante de uno de los institutos más respetados de Latinoamérica en finanzas, y la natural confrontación del ego y el individuo era el caldo de cultivo para toda una telenovela y bien venezolana, sin embargo, siempre hubo humo blanco, sin egoísmo, rivalidades ni diferencias sociales a pesar de que algunos por lo caro de la matrícula, ésta era pagado por sus empresas, pero ello no suponía diferencias de nivel socio-económico. El primer ciclo fue el de los matemáticos ellos los ingenieros se robaron el show porque eran quienes tenían la ventaja competitiva y nos ayudaron al resto como si fuéramos sus hijos, en el siguiente ciclo llego el turno a los que teníamos experiencia o conocimientos contables y financieros, y allí se volteaba la tortilla devolviendo con el mismo amor todo lo recibido.

 

La historia comienza en el último trimestre, ese donde el estrés ya por el final comienza y por supuesto, entra el tema de cuál de las dos secciones será la persona que representará a todas y todos en esa noche tan linda como la de la graduación. En mi sección estaba el número uno, en la de al lado el número dos de la promoción ambos summa cun laude, yo en la posición número promedio más 5, quizás el número 15 no lo recuerdo; lo cierto, es que dos amigas y hoy todavía muy íntimas de mi sección, me dijeron una noche, Santi tu eres quien merece ser el representante, porque lo has sido por casi dos años. La verdad es que mi perfil de emprendedor con auto alemán del año, y que pagaba mi matricula sin esperar aumento de sueldo, me hacía ser más directo aunque con respecto al exigir los derechos de los estudiantes, varios eventos lo habían demostrado. En efecto, hubieron muchos eventos en los que defendi sin expectativas mis intereses que eran los intereses de todos los estudiantes de postgrado de finanzas nocturno, varios de ellos pueden dar motivo a articulos futuros.

 

Dicho esto, mis queridas amigas empezaron su campaña y allí empezó de verdad, la verdadera y cruda pasión por lo que se suponía nadie quería pero, sí habían muchas aspiraciones. Cuando de verdad le agarré el gusto a quien merecía darlo, tuvo sentido la representación más que la calificación, como alguien me insistió; entonces apoyé, con tanto entusiasmo que hasta una fiesta di en mi casa en las semanas previas, sobre todo cuando el número uno de la promoción abiertamente manifestó no tener ningún interés lo cual, con el obvio respeto que le tenía a mi compañero y amigo de dos años de intensos momentos, me dejaba solo prácticamente en la representación de nuestra sección y como único adversario al número dos que era un extraordinario ingeniero joven que trabajaba en PDVSA. Así comenzó un proceso de recolección de firmas donde las chicas todopoderosas se encargaron de buscar hasta obtener la mayoría de ambas secciones, y que presentaron ante la Dirección Académica del instituto. 

 

Ahí terminaba la primera temporada de esa historia donde todos dábamos por hecho que ya se había decidido, hasta que un día en una sesión conjunta de ambas secciones para una materia de los finales, llego el director académico a interrumpir para decirnos que se debía celebrar una elección abierta para dar participación a otros y ante los ojos de todos los incrédulos, se iniciaba una estratégica insinuación a muchos compañeros para participar en la votación y escogía nombres de mi sección como el número uno, y los números siguientes para alentarlos a participar; no así con los miembros de la otra sección lo que evidenció por lo menos ante mis ojos y los más avispados de mis compañeros, que la motivación no era la participación sino que el statu quo del instituto no quería a un guerrillero ante la audiencia el día del discurso.

 

Así que con la tensión correspondiente en pleno día de mi cumpleaños número 31, fui observando como uno a uno mis compañeros desistían sin pudor a la nominación, dejándonos media hora después a los dos mismos aspirantes a la votación final, y lo que nunca previó el statu quo era que tenían frente a ellos, a unos jóvenes profesionales con mucho criterio y hasta los que podían no tener mucha simpatía por mí o al menos tener más por mi compañero, lo que si no tenían era la estupidez de ceder ante el chantaje, y lo que sucedió fue realmente demoledor en el abrumador casi 80% de la votación que se inclinó hacia mi persona. Fue el mejor regalo de cumpleaños hasta entonces y hoy entiendo lo que realmente significó el haber recibido lo que tanto di sin esperar nunca nada a cambio durante esos dos años.

 

Los siguientes dos meses previos a la graduación fueron de tensa calma dado que el instituto quiso por todas las maneras tener copia previa de mi discurso el cual por respeto a mis compañeros y a mi persona jamás entregué, y para sorpresa de ellos mismos ante su estado de nerviosismo de esa noche, jamás mencioné ningún reproche porque la lección se la habíamos dado esa noche y era el momento de agradecer. Así lo hice a todos ellos sin excepción mencioné a mis compañeros de uno y otro salón diciéndoles cuan importantes había sido este período para todos, y las gracias a la institución por habernos permitido ser, en especial a mí.

 

Y terminaba casi mi discurso diciendo:

 

“… dicen que cuando se comparten las alegrías crecen.  Y que en cambio, las penas se achican. Tal vez lo que suceda es que al compartir, lo que se dilata es el corazón; y así estamos se está mejor capacitados para gozar de las alegrías y mejor pertrechados para combatir que las penas no nos lastimen”.

B

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New York New York

Aquí me encuentro escribiendo este artículo, en esta maravillosa ciudad que tanto amo y respeto por lo mundana y a la vez, misteriosa ciudad sin nacionalidad.

Nueva York fue esa primera gran ciudad que visité,  apenas pude, con un amigo en mis tempranos veinte aun sin terminar la universidad; esos días recuerdo, fueron para este gran amigo mío un completo ejercicio de resistencia dada la intensidad con la que quería yo en pocos días abarcar. Largas horas de caminar, visitas a museos, compras y shows deslumbrantes.

Los años pasaron y tengo grandes amigos en esta ciudad, aquí se planeó mi paternidad con otro gran amigo quien colaboró al ponerme en contacto con quien finalmente me daría la información sobre quien me apoyaría en la ciudad de California. En esta ciudad quise estudiar pero me fui a Boston, en esta ciudad he pasado momentos increíbles; desde el comienzo fue la primera ciudad que quise visitar con PP y anoche cuando llegue y vi desde la ventana la imagen del edificio del Empire State iluminado de blanco y azul lo primero que me vino a la mente fue esa intención, que se mantiene intacta, de estar juntos en esta maravillosa ciudad viendo precisamente esa vista.

La vida nos enseña aun cuando tratemos de evitar sus lecciones, que solo será cuando tiene que ser, es decir, cuando estemos preparados para vivir la experiencia que queremos y cómo hemos de vivirla. Hemos oído la frase “tropecé de nuevo con la misma piedra” y no le había dado la importancia que reviste entender que, solo se tropieza de nuevo con ella porque hemos decidido no verla, de lo contrario eso no ocurriría, pues nadie en su sano juicio quiere sentirse mal y menos darse otro golpe contra la misma piedra.

Esta ciudad como todo, no es lo que parece, es considerada el centro del mundo porque aquí no solo se encuentran las principales bolsas del mundo donde fluye el dinero de una mano a otras, los edificios más espectaculares y las tiendas más caras del planeta; es una ciudad de respeto a los demás, donde las estrellas de cine, televisión o del deporte pueden y se sienten libres, se desenvuelven como personas normales lo que difícilmente podrían hacer en otras ciudades de EEUU y del mundo. Aquí he caminado al lado de Roger Moore el 007, aquí he estado con Beyonce y su vaso de Starbucks en el elevador de su vivienda  aquí he estado cenando a dos mesas de la “Pretty Woman” Julia Roberts y nadie se acerca a pedir un autógrafo o a solicitar una foto; aquí todo el mundo respeta la vida privada de los demás. Hasta hace poco encontrarse a Donald Trump en su vivienda en plena Quinta Avenida era para muchos algo común.

Cada quien en esta ciudad puede disfrutar a su manera y es respetado, aquí siempre he sentido que mi energía fluye y se recarga a mil, no como en Barcelona que me siento en casa; siento que esta ciudad me respeta y la respeto, es una ciudad donde comer no es más caro que en muchas ciudades de Latinoamérica  y comprar definitivamente es más económico, solo hay que saber dónde como todo; aquí hay la disponibilidad de  que lo que quieres lo encuentras, es una ciudad donde me contacto, leo, escribo y disfruto; sin embargo, nunca me he visto viviendo en ella. La conozco y he estado en todas sus estaciones de clima, en todos los momentos propios de la ciudad, en fin de año, navidades, día de acción de gracias o thanksgiving day, viernes negro de compras o black friday, día de independencia o Fourth of July, la parada de Macys , noche de brujas o halloween, etc.

He vivido sensaciones muy diferentes en esta ciudad, desde la euforia de los momentos de éxito profesional y económico que me han permitido comprar lo que he querido hasta momentos de reflexión en el final de una relación que había creado con falsos cimientos y que se derrumbaría apenas se moviera algo que no fuese comodidad. He estado acompañado muchas veces con mis hijos, parejas del momento, solo muchas otras y cada una ha tenido su encanto y aprendizaje. Es una ciudad para compartir con un amor de esos importantes porque su encanto, más allá de lo que aparenta, es monumental para disfrutar de la mano de esa persona especial, yo tengo clara mi intención de ese momento; está presente ya.

Hoy me siento muy bien, en una paz increíble en esta ciudad que nunca duerme y quería compartirlo con ustedes,

 

B

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Esta es la historia de mi hermano menor, por lo menos mi versión de los hechos. Mi querido hermano menor casi 12 años llegó, como se decía antes por error de cálculo, el mismo que durante nueve meses se presumió que sería niña y entonces todo estaba relacionado a nuestra hermana Rosanna al punto que al momento de nacer y ante la mayor desilusión de mis padres, sobre todo de él, cuando la enfermera le pidió el nombre para colocarle la etiqueta, llegué a oír la siguiente expresión “colóquele el que quiera, llámele A…”

Si bien a partir de su nacimiento mi hermano y yo lo amamos y consentimos como juguete nuevo siendo además de pequeño un perfecto Ken rubio de ojos verdes oscuros, su infancia transcurrió con dos hermanos ya en otras etapas y por su puesto casi igual a ser hijo único.

Desde pequeño se deprimía con facilidad y le había tocado una operación dura en sus piernas por temas ortopédicos a los siete años. Recuerdo que un final de año cuando regresábamos mi hermano y mi mama de casa de mi tía, encontramos a mi pequeño hermano tomado porque mi padre se había acostado a dormir y el sentido quizás por el final de año sin compañía decidió celebrarlo solo.

Ya en la universidad era jovial y muy amiguero con muchas novias propias de su edad, yo ya no vivía con ellos al independizarme y mi hermano quien vivía con él tenía su propia vida de adulto entre masters y trabajo todo el día. En ese entonces el salía con una joven espectacular, de orígenes y clase social trabajadora de su familia que le quería con locura, le atendía como toda una futura integrante de nuestra familia, todos incluyéndome la veíamos como tal y nos disgustaba la manera como el la trataba sin el respeto que merecía.

Así las cosas, él seguía su vida no le fue bien en su cuarto año y se retrasó, mientras ella enfocada lograba graduarse y de inmediato conseguía un cupo en la complutense de Madrid en España para su postgrado, el cual con mucho esfuerzo de sus padres empezó. Entendíamos todos que la relación continuaba a pesar que le decíamos a mi hermano que se pusiera las pilas. Ese primer verano él decidió ir a Madrid a verle no sabemos si invitado o no, pero fue llevándose el reality check que la vida le estaba esperando proveer. La encontró más bonita que nunca y con un pretendiente un año mayor que ella y entendemos estudiaba en la misma Universidad.

Aquel viaje fue el inicio de un viaje sin retorno que mi querido hermano decidió emprender, su depresión no le permitió graduarse y decidió vivir con nuestros padres que ya estaban radicados en España, lo que como era de esperar hizo que su situación no mejorara en un ambiente donde se le aceptaba todo por cuanto “pobrecito lo que ha estado pasando”. 

La culpa de todos no se hizo esperar, cada quien empezó a asumir su parte no vinculante que cada quien decidió apropiarse, mis padres que no estuvieron allí para ser estrictos, mi hermano por no hablarle en su momento como mayor y yo por haberme ido de casa para hacer mi vida independiente, cuando él era un adolescente. Nada hoy podemos hacer todo pasó porque tenía que pasar así, para que todos aprendiéramos algo de lo que nuestras decisiones implican, el no estar presente en el día a día y cada quien viendo para otro lado o por lo menos asumiendo que todo estaba bien.

Cuando pude años después le logré convencer que los médicos en España por el sistema social no era una buena solución, que si él quería podía salir de la depresión y del alcohol viniendo a un sitio de recuperación especial en San José de Costa Rica, al cual lo acompañe en su momento y donde después de casi un mes lo busqué. La verdad que salió con más miedos que fortalezas contándome que ese sitio no era para gente deprimida sino alcohólica, drogadicta y que él no tenía esos problemas. 

Han pasado muchos años y esa luz cada día se va apagando, hoy sigo pensando que eso que le activó ese desarrollo depresivo viene de ese evento del amor despreciado del cual no se ha perdonado jamás. Yo he sido quizás el único quien le ha entendido y aprobado su decisión. Sí, porque querer mantenerse deprimido es una decisión consciente, eso es algo que aunque nos duela y mucho tenemos que aprender a respetar, porque no es nuestra vida y lo mejor que podemos hacer es darle todo el apoyo y quizás así un día por si solo él decida retomarla. Siempre es mi pequeño hermano adorado.

B

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Siempre quise hablar inglés fluido y al no haber ido a un colegio bilingüe, en la Caracas que a pesar de los petrodólares y su influencia americana que por años existió hasta la nacionalización del petróleo, la educación del idioma inglés como segunda lengua solo era eficaz en los colegios internacionales, porque inclusive en aquellos reservados para la clase alta como los católicos, por ejemplo, su nivel era muy regular.

Es así como a este inquieto joven que se propuso un buen día ser alguien a los 13 años y lo confirmó en los 20’s, le llegó su oportunidad. Estaba ya de socio en mi primera firma de valores después de haberme independizado con mi amigo José, habían transcurrido dos años y nos había ido muy bien a ambos, él por razones de presión de su novia de siempre había decidido volver a su Lima natal, ahora con un capital que nunca hubiese realizado y menos antes de los 30 años. Su salida fue mi oportunidad para independizarme por segunda vez, esta vez de mi hermano mentor, así que los dos pusimos en venta nuestra participación del 20% del capital y cada uno estaba saliendo con 250,000 $ a los 27.

Iniciaba el otoño de 1995 y preparé mis maletas para irme a Boston, aterrizando en Nueva York, mi ciudad preferida de entonces (hoy la segunda), donde me esperaban dos grandes amigos de años, quienes teniendo casi 20 años más que yo me cuidaban y aconsejaban como a un hermano menor, inclusive hoy.

Llevarme hasta el bello pueblo de Wellesley, a media hora en tren de Boston, a la casa de una familia donde me quedaría a vivir los primeros meses. Recorrer en un viaje en carro esos paisajes del New England llenos de árboles color naranja por la temporada fue hermoso. Al llegar nos esperaban los dueños de casa cuyos hijos se encontraban estudiando fuera de la ciudad y por ello alquilaban sus habitaciones. Mi primer roommate japonés se llamaba Aki a quien difícilmente podía ver sus ojos, era un joven muy simpático quien aún tenía problemas con su horario invertido y dormía casi con la ropa para salir temprano al campus.

Lo cierto es que estaba muy emocionado por lo que suponía serían mis próximos tres años en USA, aspirando a aplicar en el próximo año mi cupo para la maestría en negocios o finanzas, en esa casa de estudios o en cualquier otra de la ciudad o inclusive en Nueva York.

Todo iba fantástico en esos primeros dos meses hasta que un día recibí un mensaje escrito inesperado de un ex cliente de una firma de origen hebreo que se había enterado de que estaba en Boston, donde me citaba para una reunión telefónica para la próxima semana, que supuestamente me iba a interesar. La verdad es que no entendía qué quería ese empresario a quien conocía poco pues era amigo del ex socio mayoritario de la firma de la cual mi amigo y yo ya habíamos salido. Llegó finalmente el día de la llamada y con ella su propósito. Él me estaba invitando a abrir una casa de bolsa y para ello me quería de gerente general, yo le agradecí su ofrecimiento comentándole el propósito de mi viaje a Boston y los tres años que quería invertir en mi educación, él insistía diciéndome de la oportunidad económica por los momentos que se daba en la Caracas del boom de la bolsa de valores y a pesar de él ser egresado de Stanford, consideraba que mi postgrado siempre podría esperar.

Me propuso que lo pensara y que le pusiera las condiciones por las cuales yo retrasaría mi plan.

La verdad es que no tenía ningún interés en responder por escrito a dicho ofrecimiento, pero al no querer cerrar una puerta para el futuro decidí escribirle una carta y enviársela por fax. Mi propuesta fue la siguiente: un salario mensual libre de 10,000 $ pagaderos en dólares americanos, el 33% de la producción que mi área de trading en bonos produjese pagadera mensualmente y por último sin tener que invertir un solo bolívar en la firma. Estaba convencido de su respuesta negativa y que intentaría negociar, por lo absurdo que consideraba yo la valoración a mi capacidad gerencial a los 27 años, cuando habían pasado dos semanas sin respuesta.

Una mañana al llegar a mi salón de clase me llegaba una nota que tenía un sobre en correspondencia, terminada la jornada del día y antes de ir almorzar para empezar a estudiar en la biblioteca, lo cual era un éxtasis viendo esos paisajes ya ahora copados de nieve, retiré la correspondencia. Abrí el sobre y allí se encontraban dos juegos de documentos lo cual no entendía que significaban, hasta que con el mayor asombro empecé a leerlos. Estos documentos debidamente notariados representaban la oferta formal con todas las condiciones que había solicitado, donde se detallaba además quienes eran los socios de la firma y sus directores, entendí que mi contacto tenía un tercio de la sociedad, una de las familias más ricas de Venezuela otro tercio y el restante lo poseía una firma de capital de riesgo de Nueva York. Allí decía claramente que Santiago Fernández Castro sería el gerente general de la firma a partir del día lunes 7 de enero de 1996, es decir, en un mes.

Esa tarde no pude seguir haciendo nada, no tenía idea que iba a hacer ahora, llamé a mi amigo consejero a Nueva York para contarle lo que me acababa de ocurrir y su respuesta fue exacta a la del contacto, el postgrado siempre lo podrás hacer, esta oferta es absolutamente irrenunciable. Esa noche no dormí y ese fin de semana viajé a Nueva York para aclarar mis ideas y la respuesta me llegó. Si me voy a Caracas tiene que haber una razón de peso, algo por lo cual haya valido la pena dejar este sueño pendiente por ahora.

Ese fin de semana estaba haciendo mi primera operación inmobiliaria fuera de mi país, colocando mi cuenta de garantía me daban un préstamo hipotecario y así compraba 60 mt2 de apartamento en la ciudad más espectacular del mundo, Nueva York.

Ya cerca estaba la Navidad del año 1996 y aún no había podido disfrutar del apartamento porque estaba alquilado, pero sí, había cancelado completamente el préstamo al banco y recuperado mis ahorros.


B.

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Hace poco leí un artículo espiritual sobre las almas gemelas y cómo determinar si lo son. El autor señalaba que sólo lo sabes, pues llega en el momento adecuado. Puedes saber y oír sus pensamientos, sienten el dolor del otro, conocen defectos y virtudes del otro y no pretenden cambiarlos, comparten los mismos objetivos en la vida, no tienen miedo a tener una conversación, no experimentan celos, respetan sus tiempos e independencia, pueden desaparecer si es necesario porque quieren ver feliz al otro, saben cómo disculparse, podrían casarse nuevamente, se complementan como el yin y el yang, alejan todo estrés, preocupaciones y ansiedades al estar juntos; en fin, son una unión silenciosa.

¡Wow! me dije y seguí leyendo, el verdadero amor te lleva al mundo espiritual, te hace sentir mejor, es la cura, te transforma y te retroalimenta de verdad. Siempre podemos reescribir nuestra historia, aceptar al amor es aceptarte a ti mismo. Amarte. El amor es quien te hace ir a tu interior. Les voy a confesar que todo lo que acaban de leer es lo que a mí me ha producido el amor a y de PP, es una parte muy importante del proceso que un día me hizo llegar a yoinvierto. 

La historia de ese amor comenzó una noche lluviosa de mayo en la que tenía que ir a una cena conferencia de responsabilidad social empresarial solo para gerentes generales y presidentes.

Recuerdo cuánto me debatí en la forma que debía trasladarme. Inicialmente decidí que haría el trayecto que indicara Waze y a pesar que desde mi ventana se veía un tráfico interesante en esa dirección, el algoritmo de Waze me decía estaría allí en 8 minutos, así que la segunda decisión fue irme en Uber por lo complicado del servicio de valet de ese hotel y dicho y hecho, en 12 minutos mientras bajé y llegaba el carro estaría entrando en el hotel.

Al entrar al salón ya había comenzado el primer panel,  donde estaban los hombres más exitosos y ricos del país con el Ministro de Comercio, el salón ya casi repleto me dejaba una mesa hacia el final de la mano derecha donde claramente había espacio. Al llegar allí me senté y presenté a los cuatro ejecutivos que estaban allí, todos menos uno eran extranjeros, todos estaban a mi mano derecha  y al empezar a dar el saludo de rigor vino el primer contacto visual con quien sería mi vecino durante la cena.

Transcurría el evento y de cuando en cuando las conversaciones casuales entre los miembros de la mesa, pero poco a poco la conversación colectiva se fue tornando bilateral al punto de por momentos tenía que hacer contacto con el resto, pensando en lo descortés que estábamos siendo con los demás y la verdad es que no entendía porque estaba siendo como un imán atraído a solo darle atención a mi mano derecha.

Ya habíamos todos hablado de nuestras familias, de cuánto tiempo los extranjeros teníamos aquí y de las experiencias desde entonces y seguíamos en nuestra conversación bilateral que cada vez implicaba un contacto visual más intenso que generaba esa corriente que a mí pocas veces me sucede  y que controlaba muy bien sobre todo en público; pero, en un momento en alguna parte no sé qué pasó que mi mano llegó al roce de su pierna derecha para agarrarle, les juro que en ese segundo quería que se abriera un hueco y con él me fuese abajo, no entendí qué descontrol me estaba sucediendo qué me había hecho cometer semejante atrevimiento hacia alguien de quien no podía asumir nada y menos en ese ambiente. Cuando la calma volvió segundos más tarde me percaté de que no había habido ninguna reacción en contra, por el contrario, el interés en conversar bilateralmente se mantenía más intenso.

Poco antes de terminar el evento casi todos los miembros discutíamos cómo salir por el caos que supone el servicio de valet, por eso cuando estábamos en la puerta comenté que pediría el Uber, a lo que preguntó dónde vivía y al responderle me dijo “te puedo llevar porque me queda de camino a casa”, al no tener el carro en el hotel sino una cuadra antes para evitar la situación de espera. 

Ya en el carro nos separaban menos de 10 minutos a mi casa, conversamos sobre nuestras familias y sobre mis hijos que son pequeños y le comentaba de estas primeras etapas, cómo las estaba disfrutando y me decía que cada etapa era única, que había que disfrutarlas porque en menos de un pensamiento estarían en la siguiente a lo que le decía estar de acuerdo por lo rápido y lo que sucede sobre todo en el primer año y medio de un bebé. 

Entonces empezaba a contarme que me preparara porque el tener una mujer como hija, no importa si es la menor o la mayor y no habiendo con quien competir, ella iba a ser la que iba a mandar en la casa sobre su hermano y conmigo se encargaría de hacerme derretir de amor, porque los padres somos ese gran primer amor de toda niña, ese príncipe encantado. 

Ya habíamos llegado a la entrada del edificio, ya estacionado para bajarme, allí me ocurrió algo que me hizo sentir como Mr. President Underwood, hace en la serie de Netflix House of Cards, que paraliza la escena y hubiera dicho what that fuck cuando PP estaba comentándome la experiencia de cómo una vez una de ellas, mientras se encontraba enfermo en la cama le ponía compresas frías sobre la frente. En ese momento PP levanto su mano derecha haciéndola llegar hasta mi pómulo izquierdo para acariciándolo decirme ¨papi cúrate pronto, tú sabes cuánto te quiero¨.

B.

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TIEMPO DE LECTURA: 9 MIN.


Cuando pienso en esta oración se me vienen a la memoria un par de eventos; el primero, cuando tenía unos 13 años. En ese momento, nos estábamos mudando de un barrio céntrico caraqueño, muy europeo, por la cantidad de inmigrantes que vivíamos allí, donde crecimos mis hermanos y yo, hasta la llegada del tercero de nosotros que hizo posible la necesidad de buscar más espacio e irnos a un barrio clase media de reciente creación al oeste de la ciudad, muy bien planificado para la época. 

En ese edificio vivíamos 26 familias y apenas 3 de ellas eran inmigrantes, el resto eran profesionales, graduados universitarios, muchos de ellos con hijos de nuestra edad. La llegada al edificio y luego al vecindario, como todo cambio resultó un gran cambio. Estábamos dejando nuestros amigos de toda la vida, nuestro colegio, nuestros lugares de juego, en fin, nuestra historia. Ahí es cuando recuerdo que un día en el patio del edificio, uno de los vecinos de edad similar a la de mi hermano del medio, se refirió a nosotros como los hijos del obrero-taxista. Recuerdo la golpiza en la casi entrábamos por esa furia que a los dos hermanos nos dio.  Y más recuerdo, aún, la cara del vecino agresor. Hoy que conozco lo que ha sido la vida de ese muchacho y la de su familia estoy convencido que el comentario lo oyó en la casa de sus padres y lo repitió cuando pudo. Hubiese sido muy útil tener las herramientas de hoy para comprender que NADA ES PERSONAL. En ese momento la sensación que me produjo fue quizás el pensar, por primera vez, que algún día sería alguien, refiriéndose mi pequeño ego de entonces a alguien superior en dinero, en estatus social, en educación, en posesiones, etc. 

Quizás, ese sentimiento fue lo que propició que al momento de graduarme de bachiller no aplicara a la Universidad Católica Andrés Bello, que quedaba a cinco minutos de mi casa, universidad privada que mis padres estaban dispuestos a pagarme; por el contrario, aplicaría a la Universidad Central de Venezuela, por demás, las más prestigiosa y donde podía cursar las carreras que aspiraba (economía, contaduría o ciencias políticas), estudiar a medio turno o nocturno. Mientras transcurría el tiempo de inicio en la universidad, me inicié haciendo prácticas como aprendiz de banca a los 17 años, ganando mi primer sueldo mínimo. Pasaron los meses y llegó el momento de la inscripción y no dudé un segundo en aplicar al horario nocturno, ya en ese momento mi primer apego a un dinero propio no me dejaría renunciar a ello a pesar de lo exigente que sería el ejercicio de estudiar trabajando todo el día.

A la par que mis estudios iban bien, a pesar de momentos de huelga típicas de las Universidades públicas, por exigencias, la mayoría justas, de los profesores, empleados y obreros, a quienes años más tarde conocería al detalle y les asesoría financieramente. Mi carrera profesional iba a toda máquina, la razón de valor empezaba por la plata, cuánto me pagaban, cuánto valía y cuánto tiempo me quedaba en un cargo en un banco, así que en los primeros 4 años de trabajo había estado en 5 bancos distintos, lo que me había permitido cambiar el carro que con tanto esfuerzo mi padre me había regalado y haber comprado dos de agencia; el primero, un europeo  y el segundo, un japonés, mientras que mi vecino ese que un día en nuestra adolescencia había repetido lo que en su casa se hablaba seguía en el carro de sus padres yendo a la universidad que nunca terminaría. 

Un día domingo, en un almuerzo familiar, estábamos reunidos con mi familia materna que era mi abuela (mi heroína) y mi tía, la única hermana de mamá, porque la familia paterna es más extensa. Mi padre es el menor de ocho hermanos. Mis hermanos han sido siempre los primos más jóvenes de la familia paterna y las primas mayores, inclusive, superan en edad a mi madre. Ese domingo que comentaba, a la hora de sobremesa mi tía me preguntaría por mi último cambio de trabajo en el banco, la posición, que ya para ese momento aún por terminar la licenciatura, estaba alcanzando a la edad de 21 años.  Era el Head Trader del mercado profesional, en una de las tesorerías más dinámicas del país, siendo el más joven de la mesa de puestos. Luego de contarle la experiencia a mi tía y que todos escuchaban, mi padre sentenciaba públicamente: ¨Santiago nunca llegará a ser nadie porque lo que hace es saltar”. El comentario hizo surgir la furia femenina de la mesa. Las tres mujeres presentes recriminaron el comentario hecho por mi padre sobre mi persona, con quien por años y muchos años mantuve un resentimiento, que sólo por mi decisión de cambiar y empezar una experiencia espiritual, pude perdonarle una vez que me perdoné a mí mismo, por haber anidado ese sentimiento que nos había mantenido alejados por más de dos décadas. Al entender hoy que él no lo hizo para herirme ni ofenderme, era la manera de expresar su afecto paterno y la preocupación de estabilidad que él aspiraba para mí, no teniendo herramientas para ser distinto por su propia historia de hijo huérfano, criado por sus hermanos mayores. Sus padres murieron cuando él tenía entre 4-6 años de edad.

Sí, el primer evento hizo que mi decisión de trabajar se anticipara cinco años, al no esperar culminar mis estudios universitarios, haciendo mis hábitos de trasnocho, estudiando después de llegar de clases a las 10:00 pm y levantarme temprano para ir a trabajar, lo cual hoy en día forma parte de mi rutina diaria al levantarme a las 5: 30 am y acostarme cercano a las 11:00 pm en promedio, pues nunca he sido de dormir siestas, ni diez horas, ni siquiera los fines de semana.  El evento de mi padre hizo que mis deseos por comerme el mundo se convirtieran en una casi obsesión, por demostrarle a él y a muchos que sería alguien. 

Dos años más tarde estaba independizándome, a los 23 años, gracias a José, mi hermano del alma, a quien dedicaré un capítulo entero porque se lo merece, cuando me convenció de que siendo tan buen trader de bonos locales y haciéndole ganar tanta plata al banco, por qué no lo hacía para mí, así, nos asociábamos con un capitalista y montaba mi primera casa de bolsa. 

A los veinticinco años estaba comprándome y arreglando mi primer apartamento, uno chico, de una habitación en el centro de la ciudad y a una cuadra del Metro que me permitía la facilidad de ir al este de la ciudad donde estaría mi primera aventura como emprendedor. Aquí viene una curiosa historia con mi padre: un fin de semana les comentaba que el próximo fin de semana le iba a pedir a mi papá que me ayudara a hacer transporte para ir en un solo viaje, en los dos carros, a llevar mis cosas a mi apartamento, a lo que respondió mi padre que cual era mi apuro de mudarme, si ni siquiera tenía planes de matrimonio, comentario sobre el cual no me di por enterado. En esa última semana, un mediodía que llegué a mi apartamento para supervisar que estaban terminando de pintar, me encontraría a mi padre revisándolo y diciéndome al verme, “he venido a ver cómo está quedando el apartamento y la verdad, está muy lindo para que lo alquiles ya”, en efecto, estaba lindo el apartamento tanto que dos días después estaría yo despidiéndome para siempre del hogar paterno para mi nuevo hogar, mi vida como independiente. 

Con el tiempo he aprendido cuánto valor le di a cosas que no lo tenían, que me hizo sentir cosas muy dolorosas, resentimientos a seres muy queridos como a mi padre, distanciarme de él y hasta muchas veces preguntarme por qué alguien con tanto talento como yo no había nacido en una casa con más recursos y educación para sacarle más provecho. Con el tiempo he aprendido a perdonarme y a perdonar porque hicieron lo mejor que pudieron con el mayor amor.  

Cuando hoy pienso y volteo para escribir esta nota y veo lo que aprendí de esos eventos que me hicieron crecer, que me dieron las alas para volar y que luego también se cortarían para pedir perdón, es cuando me sonrío y digo todo tenía que ocurrir así, para que hoy con toda humildad me permita poder contarles De dónde vengo. 

B.

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De Dónde Vengo

TIEMPO DE LECTURA: 6 MIN.


Como les decía en el capítulo 1, los grandes amores han tenido como escenario Barcelona. La historia de ser papá comenzó el verano del 2013, si bien la idea había estado durante los últimos 15 años en mi cabeza y hubo muchas, desde casarme hasta acordar con una amiga que si ella a los 30 no tenía hijos yo sería su papá elegible, pero todas se caían por su propio peso al analizar dentro de mí si la idea tenía un propósito que tendría un buen desarrollo o bien, porque las circunstancias así lo manifestaban.


Ese verano estaba en Barcelona con alguien cuya relación estaba finalizando, cuando conocimos a una pareja de un americano y un español de casi veinte años de convivencia, quienes un año atrás habían tenido de dos vientres en alquiler, cada uno un hijo varón biológico del mismo ovulo, lo cual los hacia hermanos por parte de madre. La conversación con ellos se hizo muy placentera y en el segundo día que coincidíamos en el gimnasio, por mi interés, nos invitaron a ir a cenar a su casa para que conociéramos a los niños antes de acostarlos. Confieso que apenas entré y los vi interactuar entre ellos y con sus dinámicas familiares antes de acostarlos me resultó en una sensación en la que sólo sentía alegría de pensar en qué pasaría en mi vida si hubiera tomado la decisión. Durante la cena pregunté sobre el proceso, del cual me resultó fascinante entender que bien asesorado podría ser algo muy relajado, una vez terminada la cena y de camino al hotel comenté que realmente me gustaría tener hijos y quería oír su opinión, la cual llegó con un decidido “no estoy preparado en este momento de mi vida para acompañarte en ese proyecto”, y fue la mejor respuesta que pude haber recibido, el incentivo que necesité para tomar esa noche la decisión, finalmente sería padre.

A partir de allí empezaron muchas investigaciones, mientras mi relación de casi cuatro años finalizaba y a la vez iniciaba un proceso de revisión interno ahora motivado por un algo más importante que yo, mis hijos. Quería entender y cambiar las cosas que no me gustaban de mí mismo, entre ellas, por qué me relacionaba de manera paternal con otras personas, después de varias sesiones con un terapista llegaba la respuesta que ya conocía, porque quería ser PADRE y no debía serlo de mis amigos o de mis parejas porque transformaba las relaciones en otra cosa. En estos años, la experiencia de ser padre ha venido en las vivencias desde antes del nacimiento de mi primer hijo, de la pérdida de su mellizo durante el periodo de gestación lo cual fue mi primer encuentro con una situación muy difícil y dolorosa con respecto a los hijos, el proceso de gestación de mi querida hija que llegaría apenas 7 meses después y en el último encontrarme con PP (apodo) a quien conocí hace apenas un año y cuyos consejos y experiencia me han servido.

La decisión de ser padre ha atraído a mi vida los grandes amores, el primero la búsqueda del amor interno, ese amor a Santiago que quiere cambiar para ser mejor padre, para ser mejor pareja, mejor amigo, en definitiva, mejor ser humano. El segundo, el amor a mis hijos el cual es algo que como toda relación va creciendo día a día, es algo que va sucediendo al verlos cuando son tan indefensos, al sentirlos cerca respirar o que te agarren con su mano diminuta tu dedo índice, es verlos en cada etapa y un día, como me ha ocurrido esta semana, decir ya no son bebes han dejado la etapa para ser niños, ya empiezan a hablar, a llamar tu atención, a extrañarte y manifestártelo, así sea con arrugarte la cara o gritarte para que no salgas de la casa.

El tercero, el recibir el amor de esa persona a quien conoces un día y no sabes por qué suceden eventos, que solo luego entiendes que ninguno ha sido por casualidad, que hay circunstancias con las que tienes que lidiar y que nada es lo que parece, que te habla de la relación con tus hijos a través de su experiencia y a la vez compartes las tuyas.

Ser padre ha sido la mayor y más grande responsabilidad asumida por mi persona, por ellos es que he emprendido un viaje que me ha llevado a buscar internamente quién soy  y qué quiero ser.

Por ellos también he entendido que tengo una vida propia, que me debo cuidar, hacer ejercicio, comer sano y sobre todas las cosas estar en paz, tener una relación personal sana y de calidad con quien me acompañe como pareja, por ellos tengo que ser responsable en querer tener una vida, disfrutar de ella, amar y ser amado, no sacrificar nada porque ellos no entenderían nunca porque hice algo que ellos no me han pedido, entendiendo que sólo con el ejemplo ellos aprenderán a ser felices por su propia elección, al ver que su papá es feliz por elección, está en paz, en armonía, en equilibrio. Sólo con el ejemplo, puedo decirles que tienen que ser libres para amar, libres para decidir, libres para emprender, libres para equivocarse, sólo con el ejemplo de ser padre puedo enseñarles a ellos ser hijos, entonces solo queda una vía, hacerlo bien para que los resultados lleguen en consecuencia.

B.

1

De Dónde Vengo

TIEMPO DE LECTURA: 3 MIN.


Hace casi cuatro años inicié un maravilloso viaje, uno en el que tomé la mayor de las decisiones de mi vida, no tenía idea de lo que ello traería. Desde entonces, la vida lo único que ha hecho es sorprenderme en todo, nada en mi vida ha sido igual desde aquel verano del 2013 en Barcelona, España, quizás la ciudad que más amo, en la que me siento más cercano, en la que debo, sin lugar a dudas, haber vivido en otras vidas y en la que me retiraré algún día. 

 

Es en este lugar donde esta historia y dos más se profundizaron o simplemente afloraron en esa maravillosa ciudad. Estas tres historias están todas relacionadas con el AMOR. 

 

AMOR.  Cuatro letras del español, quizás las más utilizada en este idioma. A diferencia de su uso en otros idiomas, en el español AMOR significa distinto a TE QUIERO, por ejemplo, o a TE ADORO (amar al extremo).  

 

AMAR, es lo que nos es común a todos los seres humanos. Es el chip con el que nacemos, el cual nos acompaña en el alma en todas nuestras vidas, es el programa que mejor sabemos ejecutar, que durante nuestra infancia y luego el resto de nuestra vida estamos luego persiguiendo con afán, sin entender que simplemente lo tenemos adentro y nunca lo hemos perdido, simplemente extraviado. 

 

Durante más de cuarenta años había extraviado mi programa de AMAR y lo fui recuperando a partir del 2013. Había dicho y pregonado que amaba muchas cosas, que había amado a muchas personas, que sentía que me amaba a mí mismo; sin embargo, a partir del momento que encontré las claves empecé a reprogramar mi vida a partir del amor. 

 

En este camino estaba yo un día de febrero del año 2017, en momentos en que mi vida se encontraba en varias encrucijadas, tratando de conectar puntos para encontrar dentro de mí, respuestas a muchas preguntas que mi SER (mi espíritu), obedientemente me respondía. Me encontraba, no por casualidad, leyendo el libro “Las 7 Leyes Espirituales del Éxito” de Deepak Chopra.

 

Me impresionó que alguien iluminado como el autor del libro lograra en tan pocas páginas brindarnos tanta luz maravillosa con tan simples y poderosas recomendaciones para aplicar en nuestras vidas. Llegaba yo, emocionado a la séptima y última ley:  la” Ley del Dharma o propósito de vida”. ¨Todos tenemos un propósito de vida… un don único o talento especial para darle a otros. Cuando combinamos este talento único con el servicio a otros, experimentamos el éxtasis y la exaltación de nuestro propio espíritu, que es la meta final de nuestras metas¨. 

 

Al finalizar este último capítulo mi propósito de vida estaba claro ante mis ojos.  Lo que había vivido en lo profesional, en lo personal, mi pasado, mi presente. Justamente, mi presente de febrero estaba diciéndome sí Santiago, si, esto es lo que estás buscando hace años, esto es lo que iniciaste hace cuatro años, ya lo encontraste, este es tu propósito de vida.  El cual he bautizado “yoinvierto”.

 


B.



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De Dónde Vengo
TIEMPO DE LECTURA: 1 MIN.


Hola, a todos y todas. Nace este Blog “DE DÓNDE VENGO”, Mi interés con este blog no es otro que sincerarme con ustedes. Para que nuestra relación sea honesta, debo establecer la condición primaria que es ser honesto. 

“De dónde vengo” no es más que mi historia personal, la que me ha traído hasta el momento de hoy, aquí y ahora, con este proyecto. Todo lo que he vivido a nivel personal, lo que he aprendido y lo que he logrado en la vida a través de mi carrera profesional ha tenido un por qué y cómo nada es casualidad, este proyecto no ha sido tampoco producto del azar, sino de muchas experiencias que se fueron dando a lo largo de mi vida y que un día dieron origen a la idea de ofrecer este servicio. 

La vida ha sido extraordinariamente generosa conmigo, y, con seguridad, lo ha sido contigo. Aquí va mi historia, la que me ha hecho quien YO SOY. 

Tus comentarios serán bien recibidos así que siéntete libre de ser honesto, en este blog no habrá respuestas de mi parte, porque es una historia contada en primera persona.

B.
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